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¡Un bilingüismo de calidad para Colombia!
Por: Jan Van De Putte
Consultor del British Council Colombia y del Ministerio de Educación Nacional

Poner el inglés al alcance de todos los colombianos es el reto que se fijó el país a través del Programa Nacional de Bilingüismo que lidera el Ministerio de Educación Nacional. La magnitud del desafío se ve reflejada en el tiempo propuesto para lograrlo: 15 años. ¡Y no es para menos! Se trata de una transformación sustancial en la concepción que tiene el país sobre las lenguas extranjeras.

Más allá del ámbito de la educación básica y media, se puede hablar de una tendencia que abarca varios aspectos de la sociedad colombiana y que muestra sus efectos en múltiples escenarios: Los taxistas, la policía y los guías de turismo reciben capacitación para poder hablar con los extranjeros en su respectivo idioma; el Sena, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, y varias asociaciones gremiales se han aliado con el fin de impulsar el aprendizaje de una segunda lengua en la formación para el trabajo; el Ministerio de Defensa capacita a policías y soldados en el dominio de otros idiomas; la oferta de empleo está dirigida cada vez más a personal bilingüe; avisos, señales, carteleras y otros elementos de los espacios urbanos incluyen información tanto en español como en inglés; los servicios de televisión por cable y satelital nos dan acceso a transmisiones en otras lenguas, y uno que otro vivo promete al público en general que puede, incluso, “aprender el inglés durmiendo”.

Un análisis completo de este fenómeno social, no solo en Colombia sino a escala mundial, nos llevaría más allá del objetivo de este espacio. Nos limitaremos a precisar algunos alcances en el ámbito educativo, con referentes al contexto más amplio cuando sea necesario. Miraremos también lo que le aporta a las personas dominar una segunda lengua. Describiremos lo que significa aprender un idioma extranjero y nos aventuraremos a proponer algunas orientaciones para facilitar este aprendizaje en el ámbito escolar.
 
Antes que todo es necesario precisar el significado de “bilingüismo” en el contexto del programa nacional del Ministerio de Educación. En mi entender, el objetivo es sencillamente mejorar la enseñanza del inglés en el país, ni más ni menos. En este sentido estamos hablando de un bilingüismo relativo, de lograr que los alumnos puedan interactuar en este otro idioma con cierto grado de dominio. No se trata de una interpretación categórica del término bilingüismo, ni en forma individual, es decir que una persona puede utilizar cualquiera de las dos lenguas con igual fluidez, ni estatal, lo cual significaría que el inglés adquiriría un estatus de lengua oficial a la par con el castellano en todo el territorio nacional.

No sobra recordar que según la Constitución Política, el inglés es lengua oficial en el archipiélago de San Andrés y Providencia, al igual que las lenguas indígenas en sus respectivas áreas de influencia. Colombia es en este sentido un país multilingüe como lo son la mayoría de países en el mundo.

El programa del Ministerio tampoco pretende convertir a todos los colegios en bilingües en el sentido que se conoce en Colombia. En estos colegios se trata de reforzar el aprendizaje del inglés u otra lengua extranjera mediante la enseñanza de un número determinado de materias en ese idioma, recreando así, un espacio artificial de inmersión para lograr procesos de adquisición de este a través de su uso como lengua de comunicación. Aunque el programa no excluya expresamente esta modalidad, como ya se dijo, simplemente pretende mejorar los niveles de dominio en otro idioma con los que se gradúan nuestros bachilleres.

¿Por qué enseñar inglés en Colombia?

¿Por qué este esfuerzo y por qué ahora? El aprendizaje de las lenguas modernas tiene una larga tradición en los programas educativos oficiales en todo el mundo y aparece claramente desde el Renacimiento y en la época de la Ilustración. En Colombia la razón del renovado interés del Gobierno es claramente económica y radica en los procesos de apertura iniciados en la década de los 90 y en los efectos de la globalización. El Programa Nacional de Bilingüismo es un esfuerzo por poner en operación la obligatoriedad de la enseñanza de un segundo idioma (desde primaria) como está definido en la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994).

Más allá de lo netamente económico, el Informe a la Unesco de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI, presidida por Jacques Delors, La Educación encierra un tesoro, publicado en 1996, fija como uno de sus cuatro pilares el “aprender a vivir juntos”, meta que describe como:

…lograr que el mundo converja hacia una mayor comprensión mutua, hacia una intensificación del sentido de la responsabilidad y de la solidaridad, sobre la base de aceptar nuestras diferencias espirituales y culturales. Al permitir que todos tengan acceso al conocimiento, la educación tiene un papel muy concreto que desempeñar en la realización de esta tarea universal: ayudar a comprender el mundo y a comprender al otro, para así comprenderse mejor a sí mismo (p. 31).

Unos años después, el Consejo de Europa, concreta esta meta cuando expresa que:

…se hace necesario un importante esfuerzo educativo con el fin de que esa diversidad [de lenguas y culturas] deje de ser un obstáculo para la comunicación y se convierta en una fuente de enriquecimiento y comprensión mutuos.
…sólo por medio de un mejor conocimiento de las lenguas […] modernas será posible facilitar la comunicación y la interacción entre [personas] que tienen distintas lenguas maternas con el fin de fomentar la movilidad […], la comprensión mutua y la colaboración, y vencer los prejuicios y la discriminación (Consejo de Europa 2002:2).

Esta comprensión mutua no es posible sin tener un lenguaje común. Allí se abren varias posibilidades: o se busca un intermediario que facilita la interacción (y le impone su filtro), o se aprende la lengua de la otra cultura (o se deja que el otro aprenda el idioma de esta cultura) o se recurre a un código común compartido entre ambos. Hoy día, como el latín en el mundo medieval y renacentista y el francés después, el idioma que, de hecho, predomina como lingua franca o lenguaje de comunicación internacional es el inglés (ver, por ejemplo, Graddol 2006). De hecho, Graddoll (2006:29) deja entender que 74% de las comunicaciones en inglés hoy día son entre personas cuya lengua materna es otra.

Al enfocar sus esfuerzos en el inglés el Programa Nacional de Bilingüismo, antes que tener la intención de privilegiar el aprendizaje de una lengua extranjera sobre otras, simplemente hace un reconocimiento pragmático de un hecho incontrovertible. Personalmente, opino que los esfuerzos emprendidos hasta ahora en el marco del programa, aunque enfocados en el inglés, son fácilmente transferibles a la enseñanza de cualquier otro idioma. Y así lo deja entrever también el título con el que fueron publicados los estándares nacionales:

“Formar en lenguas extranjeras: ¡el reto!” o “Estándares Básicos de Competencias en Lenguas Extranjeras: Inglés”. Tarde o temprano, será común en Colombia también, que muchos aprendan no solo una sino dos o tres o varias lenguas extranjeras, como lo presagia Graddoll como tendencia actual y futura a escala mundial.

Los autores de la página en internet Vistawide, de Estados Unidos, consternados ante la falta de aprendizaje de lenguas extranjeras por parte de los estadounidenses, citan 10 razones por las cuales sus compatriotas deberían estudiar otros idiomas:

1. Para lograr un mayor entendimiento global
2. Para mejorar su potencial de encontrar un empleo
3. Para mejorar el dominio de su lengua materna
4. Para mejorar sus habilidades cognitivas
5. Para tener acceso a la educación superior
6. Para poder apreciar la literatura, música y películas internacionales
7. Para facilitar y aprovechar más los viajes
8. Para tener acceso a la oferta de educación internacional
9. Para incrementar la comprensión de si mismo y de su cultura propia
10. Para hacerse amigos de por vida

No me voy a detener en cada una de ellas y dejo al lector la tarea de analizar si son igualmente válidas en nuestro contexto. Solamente añadiría la importancia de tener acceso a la literatura científica, la economía y la política y diplomacia internacionales. También quisiera resaltar las indicaciones científicas crecientes de que el hecho de estudiar lenguas adicionales a la materna significa una ventaja en el desarrollo cognoscitivo (ver por ejemplo Dicks, 2009). Asimismo, nuevas técnicas en análisis neuronal han permitido establecer que el ser bilingüe altera la anatomía cerebral, resultando en un cambio en la densidad de la materia gris, asociada con la capacidad intelectual en áreas de lenguaje, solución de problemas, memoria y capacidad de atención (Mechelli 2004).

¿Qué significa aprender y saber un idioma?

Después de explorar algunas razones por las cuales puede ser útil aprender otro idioma, vamos a mirar brevemente qué es entonces este aprender o saber un idioma. Quisiera presentarles la definición del Marco de Referencia:

El uso de la lengua —que incluye el aprendizaje— comprende las acciones que realizan las personas que, como individuos y como agentes sociales, desarrollan una serie de competencias, tanto generales como competencias comunicativas lingüísticas, en particular. Las personas utilizan las competencias que se encuentran a su disposición en distintos contextos y bajo distintas condiciones y restricciones, con el fin de realizar actividades de la lengua que conllevan procesos para producir y recibir textos relacionados con temas en ámbitos específicos, poniendo en juego las estrategias que parecen más apropiadas para llevar a cabo las tareas que han de realizar. El control que de estas acciones tienen los participantes produce el refuerzo o la modificación de sus competencias (Consejo de Europa 2002:9. Los resaltados aparecen en el original).

Si tienen la impresión de tener aquí un texto muy denso y poco transparente, les debo dar toda la razón. Y no podría ser distinto si toman en cuenta que tienen resumidas en un solo párrafo las ideas desarrolladas en un libro de más de 250 páginas. Cada uno de los conceptos resaltados se desarrolla en los distintos capítulos, invitando al lector a reflexionar sobre cómo se podrían aplicar a su situación específica.

Invito a los lectores interesados en entender más a fondo el profundo y novedoso significado de cada uno de los conceptos y, sobre todo, de la compleja red de relaciones entre ellos que se manifiesta en cualquier “actividad de lengua” (o “acto de habla”), y cómo esta red y sus componentes se van modificando mediante el “uso de la lengua”, a leer el texto original o, tal vez primero, la excelente presentación que hace del mismo el profesor Álvaro García Santa-Cecilia (2002). Por las limitaciones del presente artículo me limitaré a destacar unos pocos elementos.

El primero es el hecho de considerar el uso y el aprendizaje de la lengua desde un enfoque centrado en la acción social. Usuarios (incluyendo los aprendices) son vistos como seres sociales que desarrollan tareas en ciertas circunstancias en un entorno y campo de acción concretos. Los actos del habla están inmersos en un contexto social que les da sentido y que es el motor de los mismos.

Una consecuencia de este enfoque es la inclusión de las competencias que usa y desarrolla nuestro agente social, más allá de las que normalmente se asocian al uso de la lengua (las competencias comunicativas de la lengua integradas por las competencias lingüísticas, la competencia sociolingüística y las competencias pragmáticas). También incluye las competencias generales, que para los autores del Marco, son: el conocimiento declarativo (saber), las destrezas y las habilidades (saber hacer), la competencia existencial (saber ser) y la capacidad de aprender (saber aprender).

Además de estos elementos, que García Santa-Cecilia denomina la “dimensión horizontal” del Marco, este también ofrece una “dimensión vertical” o la descripción de una escala progresiva de niveles de dominio de la lengua. Reflejando el enfoque centrado en la acción y en tareas, esta escala se presenta como una lista de “descriptores” de lo que una persona está en capacidad de hacer. Los “Estándares Básicos de Competencias en Lenguas Extranjeras: Inglés”, retoman varios de los conceptos del Marco de Referencia y presentan una adaptación al contexto colombiano de los descriptores de dominio esperado para cada uno de los niveles/grados.

Corriendo el riesgo de simplificar en exceso, podríamos decir que el “saber” un idioma se ve reflejado en el uso que uno puede hacer de él para actuar, para hacer tareas en el mundo real, acudiendo a las competencias desarrolladas. Está implícito en esta definición el hecho de que dominar una lengua es un proceso que nunca termina, ya que es perfectamente posible y probable que uno se vea enfrentado, a lo largo de la vida, a tener que actuar (realizar tareas) en nuevos contextos (ámbitos, temas) o en nuevas condiciones (con su restricciones) que implican el continuo desarrollo de las diversas competencias.

Como último punto quisiera destacar que la definición del Marco de Referencia no hace distinción entre el uso y el aprendizaje de una lengua. El aprendizaje se da a través del uso, mediante el actuar con la lengua. A su vez, el tener que actuar en nuevas condiciones es el motor mismo del desarrollo de las competencias y del acervo de estrategias del que uno dispone para llevar las tareas a cabo. Igual a como se aprende a tocar un instrumento musical, solo se aprende a usar un idioma usándolo.

¿Cómo facilitar el aprendizaje de una lengua extranjera en nuestro contexto escolar?

Al desarrollar unas investigaciones preliminares para estructurar el proyecto Bogotá y Cundinamarca Bilingües (y después el Programa Nacional de Bilingüismo), observamos que más de la mitad de las clases de inglés en colegios oficiales se dictaban en español. Eran clases sobre, o acerca de la lengua inglesa, y en las cuales los alumnos trabajaban individualmente o en grupo con todos sus compañeros, memorizando unas reglas de gramática o haciendo eternos ejercicios de traducción. Espero que a la luz de lo analizado anteriormente, el lector pueda predecir cuál era el resultado entre los estudiantes en cuanto al desarrollo de su competencia comunicativa, de su capacidad de “actuar” en el idioma… Exactamente: muy poca o nula. Al entrevistarlos, los bachilleres manifestaban por un lado una gran motivación hacia el saber usar el inglés, y por el otro lado, una gran desmotivación hacia su clase de inglés.

Afortunadamente mucho ha cambiado en los últimos cinco años y como ya lo vimos, el país estudia diversas iniciativas para mejorar el aprendizaje de lenguas extranjeras. ¿Qué se puede hacer en el ámbito escolar para facilitar este aprendizaje? No hay recetas milagrosas, sin embargo espero que las siguientes sugerencias les puedan orientar en este anhelo.

En el ámbito institucional se debe hacer un esfuerzo para analizar y apropiarse del área de inglés. El Programa Nacional del Ministerio y los esfuerzos de las secretarías de Educación están creando un marco general, unos instrumentos y las condiciones para impulsar el aprendizaje de esta lengua extranjera, pero la verdadera diferencia la deben hacer las instituciones educativas y sus docentes. Un ejercicio dispendioso pero indispensable que deben hacer los colegios es aclarar con precisión cuál es su situación actual, definir qué quieren alcanzar en cuanto a idiomas en su oferta integrada de formación (dentro de las pautas establecidas por los estándares), acordar las acciones necesarias y los recursos requeridos para superar la brecha entre lo existente y lo deseado y trazar un cronograma y planes de implementación. Esto exige un esfuerzo sostenido, un claro liderazgo y un monitoreo constante.
 
Aunque la situación de cada institución es distinta, en líneas generales todas se podrán beneficiar de emprender las siguientes acciones (no necesariamente en este orden):
 
  • Establecer cuál es el estado actual del componente de inglés y si se ajusta a los estándares; averiguar si da respuesta satisfactoria a las preguntas que invita a hacerse el Marco de Referencia; asegurar que esté claramente integrado al PEI; analizar los resultados obtenidos por los alumnos y contrastarlos con los Estándares.
  • Analizar quiénes son los docentes de inglés; cuál es su nivel de lengua; cuáles son sus prácticas pedagógicas en el aula; cuáles son sus necesidades de desarrollo profesional y cómo se pueden satisfacer, y cuáles son sus posibilidades reales de trabajar como equipo para dinamizar el área de inglés.
  • Organizar el área de inglés como independiente, o garantizar que los temas de inglés se puedan tratar con el tiempo y la estructura requeridos; evitar la rotación de profesores de inglés para que se pueda gestionar un verdadero proyecto a largo plazo; involucrar a las otras áreas en las discusiones sobre el área de inglés; buscar formas de integrar el inglés en el trabajo por proyectos o temas transversales y de abrir espacios institucionales para motivar el uso de la lengua extranjera en situaciones de comunicación significativa.
  • Buscar apoyo experto externo si no se está seguro de contar con el suficiente nivel de experiencia dentro de la institución.

Además de las anteriores acciones que necesariamente se deben desarrollar a escala institucional y con todo el apoyo del equipo directivo, también les corresponde a los docentes de inglés hacer una reflexión honesta y profunda sobre cómo orientar su práctica profesional hacia un mejor aprendizaje de la lengua extranjera por parte de sus alumnos. Al respecto, quiero resaltar otra cita del informe de la Comisión Internacional a la Unesco:

…a los docentes les concierne también este imperativo de actualizar los conocimientos y las competencias. Hay que organizar su vida profesional de tal forma que estén en condiciones, e incluso que tengan la obligación, de perfeccionar su arte y de aprovechar las experiencias realizadas en las distintas esferas de la vida económica, social y cultural (p. 37).

Teniendo presente lo anterior invitaría a los docentes a:

  • Analizar cuál es su nivel de inglés, qué acciones despliegan para perfeccionarlo o para mantenerlo al día, y buscar la forma de certificarlo mediante una prueba internacional alineada con el Marco de Referencia.
  • Evaluar si su práctica pedagógica en el aula está en concordancia con las últimas tendencias metodológicas para la enseñanza de lenguas extranjeras: ¿Promueve activamente la autonomía, el pensamiento crítico y creativo, la autorreflexión y la autoevaluación en sus alumnos? ¿Promueve un aprendizaje colaborativo centrado en el uso de la lengua en situaciones de comunicación auténticas? ¿Hace lo posible por buscar una integración curricular del inglés con otras áreas? ¿Sabe cuáles son los intereses y las necesidades de sus alumnos? ¿Están las actividades pedagógicas diseñadas para promover la comunicación, la interacción y la negociación de significado? (Ver, por ejemplo, Richards 2006). Se debe, por lo tanto, buscar oportunidades de desarrollo profesional continuo en el área de metodología de enseñanza de lenguas.
  • Involucrarse activamente con sus colegas y directivos para diseñar, cuestionar, implementar, evaluar y mejorar continuamente el plan de estudios de inglés de la institución y colaborar para que el área esté abiertamente reflejada en el PEI.
  • Asegurarse de que cada una de sus clases esté claramente orientada hacia el logro de los objetivos del plan curricular, y qué haya una evidente secuenciación tanto entre las clases como de las actividades en cada una de ellas.
  • Trabajar en equipo con los colegas, invitándolos a que observen sus clases, analicen sus planes de clase y hagan sugerencias de mejoramiento. Hacer investigación en el aula y participar en grupos de investigación-acción. Documentar y compartir sus experiencias, sus logros y desaciertos.

Personalmente me siento muy entusiasmado por las oportunidades que abre el renovado interés nacional (y mundial) por repensar nuestro quehacer profesional en el área de enseñanza de lenguas extranjeras. También estoy convencido de que el éxito no puede esperarse solamente de las acciones del Estado sino del esfuerzo y el compromiso de cada uno de nosotros para construir las bases de un mejor futuro para nuestros alumnos. Espero haberles comunicado algo de este entusiasmo en este breve artículo y que las reflexiones compartidas les lleven a explorar el tema más a fondo.

Conozca algunos de los avances del Programa de Bilingüismo en Colombia en materia de cualificación docente haciendo clic aquí

Visite el portal “Inglés para todos” del Ministerio de Educación Nacional.


Bibliografía recomendada

Colombia, Asamblea Nacional Constituyente (1991), Constitución Política.

Colombia, Ministerio de Educación Nacional (2006), Estándares Básicos de Competencias en Lenguas Extranjeras: Inglés, Bogotá, Imprenta Nacional [en línea], disponible en:
http://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/article-115174.html.

Consejo de Europa (2002) Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación, Madrid: Instituto Cervantes [en línea], disponible en
http://cvc.cervantes.es/obref/marco.

Comisión Internacional para la Educación en el Siglo XXI (1996), La educación encierra un tesoro. Madrid, Santillana-Ediciones Unesco.

Council of Europe (2001), Common European Framework of Reference for Languages: Learning, teaching, assessment, Strasbourg: Council of Europe. También disponible en internet: http://www.coe.int/t/dg4/linguistic/CADRE_EN.asp

Dicks, Joseph (2009), Second Language Learning and Cognitive Development, Fredericton: Second Language Research Institute of Canada [en línea], disponible en
http://www.unbf.ca/L2/Research/current/documents/L2RIC_Notes_Jan09SLA_and_cognition.pdf.

García Santa-Cecilia, Álvaro (2002), “Bases comunes para una Europa plurilingüe.

Marco común europeo de referencia para las lenguas”, en Anuario del Instituto Cervantes 2002 [en línea], disponible en: 
http://cvc.cervantes.es/lengua/anuario/anuario_02/garcia/

Graddol, David (2006) English Next, London: British Council [en línea], disponible en:
http://www.britishcouncil.org/learning-research-english-next.pdf

 

 

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